–¿Otra vez lentejas, Don Lucho? No comen otra cosa en su casa? ¿Sabe que también hay frejoles, pallares y garbanzos, si tanto le gustan las menestras?
–Otra vez lentejas, mi querida amiga, ¿Y sabe por qué? Porque una de las virtudes de las menestras es que compensan todo el tiempo que toma prepararlas con una extraordinaria capacidad de resistir a la refrigeración. Así que hoy les volví a sacar el jugo a las lentjas que hace diez días preparé con milanesa de pollo y que hace unos días preparé con algarrobina y costilla ahumada.
Hoy también usé el saldo de los tomatillos nativos que preparé como junto con pescado apanado con harina de algarrobo el último sábado. Hoy estaban todavía más en su punto. Un par de días más y se arruinaban para siempre.
En el fondo, lo único que hice fue preparar arroz blanco bien graneado (ya viene una nota sobre los arroces) y sazonar con cariño los tomatillos y las lentejas. ¿Resultado? Un almuerzo suculento, feliz.
Preparación
Calenté en microondas las lentejas congeladas. Las sazoné únicamente con sal, pimienta, pimentón y un chorrito de aceite de oliva. Luego las volví a calentar un momento antes de servir.
Los tomates los mezclé con hojas de tomillo recién sacado de la maceta, sal, aceite de oliva y un chorrito de vinagre. Uso siempre el de manzana. Importado. Cuesta centavos más o menos que el nacional y es vinagre, no ácido acético. Vinagre de vino le dicen. Hah!
Eso fue todo. Ningun secreto, simplemente aprovechar lo que ya tenía a la mano. Cocinar bien no exige enfrentarse con la inspiración, con libros o con largas memorias. Creo yo.















Esta estupendo.
Un beso,
Soraya