Hoy realmente no pensaba escribir.
Me había dispuesto a disfrutar de mi último saldo de cebiche caliente de pollo al al maracuyá, y en medio de otras cosas puse arroz a cocinar y me olvidé de ponerle sal.
Estaba por servir cuando me di cuenta y rápidamente decidí convertir el arroz soso y el pollo en un solo plato: en un wok coloqué el pollo caliente con todo su jugo, lo mezclé con el arroz, volví sazonar con sal y una dosis generosa de ají panca en polvo.
Probando probando me di cuenta que estaba quedando mejor que lo que esperaba, y en un acceso de inspiración divina piqué perejil menudito, corté unos cubos de queso fresco, puse todo a la olla, revolví, tapé, dejé en fuego lento para que se casen todos los sabores y terminé con un arroz con pollo hecho al revés, pero realmente espectacular.
Nada se crea, nada se destruye. Todo se transforma.














Esa es una característica de alguien que sabe de cocina: poder abrir la refri, y de los díspares elementos que hay ese día, crear (transformar) algo rico para comer. Provecho!
Servido!
El queso, fué el toque de gracia.
Super bueno.
Gerarda, de quien escribiré cuando tenga un tiempito, una formidable cocinera que hoy tendría como 140 años, le ponía queso fresco al arroz de camarones. De allí me vino la inspiración
GRACIAS POR LA INSPIRACIÓN … Mmmmmm ya siento los sabores en mi boca…