
Ayer el mar estaba como nunca de azul. Y cuando el mar está así de limpio me gusta pensar que los choros (como conocemos a los mejillones en este lado del mundo) están especialmente sanos y que es buen día para comerlos.
Cuando llegué al mercado, mi casera tenía ¿Adivinen qué? unos choros de cáscara irregular, choros de peña, no de cultivo. “Están vivos caserito, mire vea” me dijo mi casera dándole un golpe a un choro entreabierto que yacía en la pila. Vi cómo el choro se cerraba en menos de un segundo.
“Me da una docenita, seño, bien bonitos“, dije yo y la casera procedió a envolverme mis mejillones.
Cuando llegué a casa, todos estaban firmemente cerrados, salvo uno que se me había roto. Lo tiré inmediatamente, porque la única manera de comer choros con salud es si llegan vivos a la olla. Choro muerto es choro vengativo. Ojo. Hay gente que cree que los choros entreabiertos son choros muertos. No es verdad. Si uno los deja tranquilos, se abren solos como esperando que llegue una ola. Pero a la menor molestia –un fuerte tanganazo como el de mi casera o diez minutos agitándose en una bolsa– los choros vivos se cierran tenazmente.
Así, con la seguridad de que iban a ser un placer y no un peligro, me preparé unos choritos a la chalaca.
Cocinarlos es lo más fácil del mundo. Este no es un plato sofisticado.
Basta con ponerlos en la olla con un poco de agua y agitar la olla de cuando en cuando para que el calor toque a todos los choros democráticamente.Están listos cuando están abiertos. No todos se abren a la vez. Yo voy sacándolos y enfriándolos en un bowl con agua helada conforme se van abriendo. Y si al final me queda algún choro rebelde que se niega a abrir, lo descarto, por si acaso nomás.
Mientras los choros se hacían, piqué fino una cebolla, un poco de rocoto (un ají picante y sabroso también podría ser), un tomate muy colorado y unas ramitas de perejil. Todo lo puse en jugo de limón (conocido como lima en el resto del planeta) y sal.
Una vez cocidos los choros, los abrí, los separé de su valva, los pasé por agua para limpiarlos de arena, les extraje los yuyos (algas) que algunos estaban almorzando, los puse en un plato cada choro en una sola valva y los cubrí con su salsa.
Los comimos al instante, mientras iba terminando la preparación del Ají de Gallina que nos aguardaba como plato principal.
Choros a la chalaca, ají de gallina y buen vino. Con razón al Domingo le dicen el día del señor.














Perfecta receta , aqui los como en hon atsugi kanagawa japon , preparadas por el tio Ochiro
descendiente japones natural de Lima peru. ES DE LO MEJOR
Gracias. Personalmente creo que acompañados con una cerveza son el mejor piqueo del mundo.