
Light y suculento. Dietético y sabroso. Sencillo y complejo. Rápido y bueno. Este plato inspirado en el tradicional lomo saltado peruano demuestra que no son términos contradictorios. Todo lo contrario. El secreto está en el modo de cocción y la selección y proporción de ingredientes. Pocos, pero que se llevan mágicamente bien: pollo, papas nativas, portobello, espárrago y tomate. De yapa, un poco de yacón enchilado.
Los ingredientes (para dos personas) en orden de aparición
- Una pechuga de pollo sin piel ni grasa cortada en cubos
- Cuatro papas pequeñas, con cáscara, cortadas en rebanadas delgada, del ancho de un espárrago. Papas orgánicas de altura.
- Ocho hongos portobello pequeños, cortados en rebanadas del ancho de la papa.
- Ocho espárragos verdes. Separé y descarté la parte dura (es sólo cosa de doblarlos hasta que se quiebren).
- Un tomate grande cortado en ocho.
- Sal.
- Pimienta.
- 2 1/2 cucharaditas de aceite de oliva.
- Vinagre de jerez. No use por favor ese líquido que en el Perú llaman vinagre, cuesta centavos y debería estar en la sección limpieza de los supermercados. Si lo hace va a asesinar a este plato. El buen vinagre no es barato, pero se usa poquísimo y le va a durar mucho tiempo.
- Un yacón.
- Medio limón.
- Pimienta de cayena.
Herramienta indispensable:
- Sartén de teflón grande.
Procedimiento
Esta es una de esas recetas cuyo ingrediente más importante es el tiempo. Las cosas llegan en su orden, y tienen que estar preparadas como los boy scouts para entrar a la sartén cuando les toque. Yo tengo unos tazoncitos de acero inoxidable que me resultan utilísimos para poner en fila a todos mis ingredientes. Antes usaba platos y pyrex varios y era un caos.
- La pechuga de pollo la corté, las sazoné con sal, pimienta de cayena (podría haber sido ají amarillo o panca, cambia el sabor pero todo vale) y una cucharadita de aceite de oliva.
- Las papas rebanadas las mezclé bien con una media cucharadita de aceite de oliva, lo suficiente para que todas las superficies se cubrieran con una capa delgada.
- Lo mismo hice con los hongos y los espárragos.
- Al tomate sólo le quité las semillas.
- El yacón lo rallé como si fuera queso y le puse el jugo de medio limón para que no se oxide.
- Calenté la sartén de teflón y puse el pollo. Salteé vigorosamente hasta que estuviera unánimemente dorado y lo puse en un pyrex que tenía en horno muy bajito, para que no se enfríe ni se cocine de más. Esta es la parte más divertida, porque uno puede jugar a chef de la tele con la sartén. Al comienzo con este juego se le va a caer al piso la mitad del pollo, pero con el tiempo le va a salir perfecto.
- Luego puse las papas. Dejé que se doraran de un lado, les di la vuelta y las dejé dorar del otro. Les puse sal en la sartén cuando estuvieron listas se fueron al pyrex.
- Salteé los hongos portobello hasta que estuvieron empezando a tomar color.
- Sin sacar los portobello, puse los espárragos a saltear.
- Cuando empezaron a estar casi cocidos, puse los trozos de tomate y seguí salteando.
- Cuando los tomates empezaron a cocinarse, sazoné con sal, pimienta y un chorrito de vinagre e incorporé el contenido del pyrex del pollo y la papa, con todos sus jugos.
- Unas vueltecitas de saltado antes de que los tomates se pongan blandos, y a la mesa.
Este plato lo acompañé con el yacón crudo rallado y sazonado con pimienta de cayena. Esto es un préstamo de la costumbre mexicana de comer jícama enchilada. La jícama tiene una textura crocante y aguosa muy parecida al yacón, pero menos dulce. En ambos casos, la combinación con picante es sensacional. Y en este caso le añadió al saltado un toque de frescura y dulzura que complementaba muy bien a todos los demás sabores.
Digo todos, porque el pollo sabía poderosamente a pollo. La papa, a papa. Los portobello y los espárragos tenían cada uno su propio, inconfundible sabor ligeramente silvestre y a la vez las texturas más disímiles: crocante el espárrago, suculento y tierno, pero resistente el portobello.
Me va a costar trabajo hacer un plato más equilibrado como éste. Tiene papa, que no es una de las cosas que un diabético debe comer, pero hay que servirse poca y está acompañada con aceite y vinagre, y tanto las grasas como los ácidos retardan el proceso de conversión del carbohidrato en glucosa. (Ojo: éste no es un elogio ni juna justificación de la papa frita). La pechuga de pollo sin piel es la fuente terrestre de proteínas con menos grasa y colesterol. Los portobello, los espárragos y el tomate son perfectamente amigables. El tomate cocido tiene más del antioxidante licopene que el tomate crudo.














Buenísimo!
Lo prepararé. Sólo que con un pequeño cambio, en vez del pollito será pescadito :)
Pero antes, pasaré por el buen vinagre :D
Que rico saltado! A esta hora da hambre .
Su.