

Lo ví en la tele y lo he leí en el blog de Beatriz, con el nombre de Fideua. Pero nunca lo había hecho: cocinar los fideos en su propia salsa. ¿Por qué no? ¿Por qué ser esclavo de la misma forma de cocción una y otra vez?
Con eso en mente, me puse a hacer pasta en salsa de tomate, ajos y pimiento, cocinado todo en la misma olla ancha, como de paella. Debo decir que el resultado superó mis expectativas. La comunión de la salsa con la pasta fue perfecta como nunca; la vista agradeció y también la panza. Y una cantidad reducida de pasta me dió un almuerzo memorable,
Ingredientes, para dos personas. No se asuste. Parece mucho, pero no estoy loco. Es exactamente lo que usé.
- Una cebolla roja picada muy finito.
- 15 dientes de ajo rebanados en laminillas muy finas (ese es otro de los juegos divertidos de la cocina: cortar como quien toca un tambor redoblante, sin rebanarse un dedo.
- Tres tomates grandes picados muy fino para cocinar y dos más picados gruesos para servir (vea más adelante por qué).
- Un pimiento morrón grande quemado al fuego
- Una taza de penne rigate integrales.
- Dos tazas de caldo de pollo
- Agua caliente
- Sal
- Pimienta
- Vinagre de jerez
- Dos cucharadas de aceite de oliva.
- Media lata chica de pasta de tomate sin sal
Preparación
- Puse en mi olla ancha, la que se parece a una paella, pero más alta, una cucharada de aceite de oliva. Dejé que calentara un poco a fuego medio y puse las cebollas picadas fino. Removí bien.
- Cuando empezaron a tomar color, puse mi casi media taza de ajos y revolví con entusiasmo para que se empezaran a cocer casi en seco
- Cuando la cebolla empezó a tostarse (y recuerde que estaba trabajando con muy poco aceite, de manera que esta parte es crítica) vertí mis tres tomates picados y seguí revolviendo.
- Cuando la mezcla empezó a secarse peligrosamente, vertí mis dos tazas de caldo de pollo. Le debo confesar que me había olvidado de descongelarlo, así que lo puse un momento en el microondas para que cediese y lo eché a la olla aún helado. No importa. En un par de minutos estaba perfectamente líquido
- Ya en ese momento tenía una cantidad suficiente de líquido muy caliente, y llegó el momento de vaciar la pasta y revolver bien. Quería que se cubriera de líquido, así que puse un poquito de agua hirviendo (ahora sí, enfriar la mezcla podía tener consecuencias imprevisibles
- Mezclé mi media lata de pasta de tomate sin sal, sazoné los fideos con sal, pero con mucho cuidado, bajé el fuego al mínimo y tapé la olla.
- Los fideos decían: cocción en 10 minutos. Los dejé 8 minutos cocinando a ciegas.
- Mientras tanto, puse a tostar el morrón directamente sobre el fuego, y mientras se hacía, aproveché para picar mis otros dos tomates. Los puse en un bol.
- En cuanto los morrones estuvieron listos, los pelé rápidamente con un secador de papel, los corté en rebanadas y los puse en un bol para sazonarlos con la otra cucharada de aceite de oliva, sal y un chorro de vinagre
- Al abrir la olla, todavía había líquido, y no queríamos fideos ensopados, así que puse el fuego a toda madre para ayudar a evaporar.
- Cuando prácticamente se secaron, bajé rápidamente el fuego. No se fueran a quemar.
- Revisé la sazón. Le faltaba una ñizca de sal y se la puse. Puse pimienta, revolví e incorporé los morrones y finalmente los tomates crudos.
- Así sobre caliente y humeando, serví los fideos.
Cocinados así, todos los ingredientes de la cocción consiguieron transmutarse en una sola cosa completamente llena de sabor, desde la salsa hasta el corazón de los fideos. El tomate y la cebolla se convirtieron en una unidad, los ajos mantuvieron su dulce personalidad (cocidos así, sin aplastar, el sabor fuerte que a muchos desagrada no llega a sugerise. Los morrones con sabor a quemado y el ácido del vinagre, combinaron estupendamente con los tomates crudos o casi crudos y sin sazonar que contribuyeron con su fresca frescura a hacer leve y nuevo un plato que podría resultar de otro modo fatigado y rutinario. Haga la prueba. Cocinar distinto no hace daño.
Uno no puede, ni debe, eludir los carbohidratos. Pero puede aprender a manejarlos. En primer lugar, controlando la cantidad. Si este plato ho hubiera tenido una salsa tan contundente, media taza de penne rigate secos por cabeza apenas le hubiera hecho cosquillas a mi hambre tradicional. Pero también controlando la calidad. Integrales, de cocción lenta y hechos al dente, estos fideos son también de digestión lenta, es decir, se convierten en glucosa más despacio que los fideos de harina blanca sobrecocidos. La diferencia es dramática. Por su lado, la salsa es de una inocencia dietética ejemplar: mucho de todo, y todo bueno por muchas razones. Y con suficiente sabor como para no extrañar el queso parmesano.













