Fácil, rápido y bueno. Este plato cumple con los tres requisitos. Es remotamente heredero de la comida tex-mex, donde las fajitas son como el pan nuestro de cada día, y el guacamole sin demasiado aderezo las acompaña con fidelidad de perro. Generalmente hay frejoles jugando en ese mismo equipo, pero yo tenía lentejas. También tenía algo de coliflor, siempre buena compañía. Y salió así, en no más de 10 minutos Las fajitas no son otra cosa que pechuga de pollo cortada en tiras y cocida a la plancha con calor fuerte. Las sazoné con el nunca bien ponderado chili powder. Es fácil de encontrar, y uno de los sazonadores que mejor van con las fajitas. Recién venía del super, así que no tuve nada que descongelar. Corte, cocine y gane. Punto. Un pequeño detalle técnico. El corte de la fajita sugiere que uno la cocine por los cuatro costados, no solo vuelta y vuelta. Un poquito más de atención que paga con buena vista y buen sabor. Las lentejas estaban en la congeladora, y simplemente las sazoné con un poquito de aceite de oliva, un chorrito de algarrobina (más específicamente jarabe de Huaranga, no tan fácil de conseguir, pero buenazo) sal y ají panca molido. Las calenté en microondas, más rápido y más limpio que una olla. El guacamole fue también ultra sencillo, a la texana, no a la mexicana. Palta pisada con tenedor y sazonada con sal, pimienta y un poquito de limón. Otro día hago un guacamole mexicano del bueno. No es difícil pero es un plato importante. Por último, las coliflores ya las tenía cocidas, y simplemente las saltee en la sartén del pollo. Unos segundos para que calienten y se pongan sabrosonas, y ya. No se por qué, tal vez sea una cuestión de mi infancia, pero les puse un chorrito de vinagre mientras se salteaban. Como que la coliflor reclama su vinagrito. El conjunto fue como debe ser. Distintos sabores, distintas texturas, buena nariz y distintas sensaciones en boca, como dirían los enólogos. En este plato, cada uno de los ingredientes conservaba sin adulteración su propia identidad. En suma, cocina de casa, sin pretensiones de bataclana, pero rica, buena y bien ceñida a la ley del menor esfuerzo que tiene también sus encantos. ¿Verdad?
Pollo. Pechuga de pollo. Si uno la hace igual todos los días, puede ser de un aburrimiento total. Por eso hay que vestirla con distintos cortes y sabores, para que adquiera gracia. La razón es muy simple: harta proteína, poca grasa. Dos buenas cosas para los diabéticos. Las lentejas, como todas las menestras, tienen una lista larga de micronutrientes, aportan carbohidratos con moderación y dan mucha proteína. La palta tiene grasa, pero de la buena, y en términos glicémicos es de la más virginal inocencia. Un poco de verdura no grasosa no hace daño. Tenía coliflores. Pudo ser cualquier otra cosa que casara en sabor.
Posteado por: Don Lucho | 5 Junio, 2008
Fajitas con guacamole y lentejas
Escrito en Comida saludable, Recetas sencillas de preparación rápida | Etiquetas: guacamole, lentejas, pollo
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