
Si es verdad que la comida entra por los ojos y llega al corazón pasando brevemente por la boca, éste puede ser un amor a primera vista. Como muchas cosas buenas, es sencilla, y como todas, exige un poco de cuidado en la selección de sus elementos y en su preparación. Pero está a años luz de la ensalada concebida como el preludio idiota de un almuerzo o el acompañante torpe de una carne. Los elementos están (casi todos) a la vista, pero exigen una breve explicación, más que una receta.
Lechuga. Lechugas hay muchas, pero así de bonitas, con la caída de una buena tela, para mi gusto sólo las hidropónicas. ¿Me creerá si le digo que esta lechuga la compré hace más de una semana?
Beterraga. Si es lector habitual de esta página sabrá que de cuando en cuando preparo beterragas al horno, envueltas en papel aluminio y las guardo para cualquier ocasión como ésta. Así la vida se me hace fácil. En este caso, la piqué en cubitos, la sazoné con media cucharadita de aceite de oliva, sal y media bolsita de endulzante. A veces la beterraga no es tan dulce como debería y hay que echarle una manito.
Palta (aguacate). La puse por dos razones: porque me quedaba media palta en la refrigeradora y la verdad no duran mucho después de abiertas, y porque la palta no consigue apartarse de mi idea de la ensalada. La palta la sazoné independientmente sólo con sal.
Papa. Si todo lo que uno va a almorzar (sin contar la fruta) es una ensalada, mejor póngale algo que impida que se muera de hambre en 15 minutos. Hoy fueron papas andinas Putis, de color y textura parecida a las papas amarillas tradicionales, pero de sabor un poco más intenso y de mayor densidad. Las papas las sazoné sólo con sal, y las serví calientes, con su cáscara. Quedan mucho mejor que dejadas enfriar.
Pechuga de Pavo. Simplemente la corté en cubitos, la sazoné con sal y chili powder y la salteé sin aceite ni nada en una sartén de teflón. Para eso lo inventaron.
Salsa de pimiento páprika. Esa salsa de hermoso color anaranjado y de sabor terso y profundo es bastante fácil de hacer, aunque su ingrediente principal no es fácil de encontrar. Exportamos toneladas de toneladas de paprika, pero sólo lo veo regularmente en el mercado de Surquillo, nunca en los supers. Corté el pimiento, le saqué las semillas y lo puse en la licuadora con un chorrito de leche, otro de aceite de oliva y una cucharadita de queso philadelphia descremado. El resultado lo pasé por un colador y lo sazoné únicamente con sal. El colador es inevitable a no ser que se tueste y pele el paprika, pero entonces pierde color y gracia.
El resultado está en las antípodas de una ensalada corriente hecha con desgano y rutina. Cada uno de sus ingredientes tiene textura propia e inconfundible. La sazón mínima simplemente quiere despertar sus sabores. La salsa no invade, apenas perfuma, pero provoca un inevitable amor a primera vista. ¿Será capaz de enamorar a esas personas que no comen ensaladas ni a la fuerza? No tengo cómo saberlo. Gente así tampoco sabe disfrutar el resto de la comida, y yo rehuso darles perlas a los cerdos. Pero usted haga la prueba, de repente consigue convertir un paladar irredento y pecador. Alabado.
De todas las partes de esta ensalada, la única que podría preocupar al diabético es la papa. Como de costumbre, el consejo es el que dicta el sentido común. Poca papa es mejor que mucha papa. Tal como está hecha, con todo y cáscara, tiene un índice glicémico menor que pelada. Desgraciadamente nuestras papas nativas no han sido testadas, y los resultados cambian muchísmo de una a otra variedad. Los demás ingredientes son más bien neutros.




















Felicidades Lucho! Seis kilos son un montón! Sigue adelante. Un beso.
Bea, no dejes de probar. El picante y el limón le dan una dimensión completamente distinta al brazo de patata. En cuanto a las recetas ligeras, ánimo es lo que menos necesito. Son un mundo entero por descubrir, lleno de sabores, texturas y combinaciones que antes no me proponía. Además estoy contento. Hoy celebro un mes de comida light rigurosa y mis primeros seis kilos perdidos. Sin pasar hambre, sin privaciones sin seguir una de esas dietas que parecen de castigo.
Lucho, miré por internet recetas de causa y sorprende cuánto se parecen a mi brazo de patata. Probaré algún día a hacerlo a vuestra manera. Te contaré. Ánimo con tus recetas ligeras, tienen todas una pinta estupenda y sanísima.
Gracias, niñas por tanto elogio. La verdad, antes de hacerlo no sospechaba que la salsa de pimientos páprika pudiera quedar de un color tan espectacular
Don Lucho – Me encantan las ensaladas y siempre estoy buscando ideas para nuevas combinacions, y esta combinacion esta genial, es practicamente una comida completa. La voy a probar este fin de semana, gracias!
¡ME ENAMORÉ!
Coincido con Susana, la pechuga de pavo se adapta tan bien a las preparaciones, el verde de esa lechuga y la salsa de pimientos rojos…creo que son el jale de esta super ensalada.
Loves in the air …
Que bueno el toque de la salsa de pimiento páprika y la pechuga de pavo, noble para todo. Cautiva la ensalda.
Los colores de la lechuga y la salsa son los causantes del enamoramiento (hacen el click).
Su