
Tres días seguidos de lluvia, neblina y frio exigen remedios heroicos: una buena sopa caliente es lo que corresponde. Pero una sopa sola no es un almuerzo completo. ¿O sí? Depende de la sopa. Y la de hoy no fue una solución de último momento. La tenía planeada desde hace tiempo y parcialmente preparada desde ayer, cuando decidí meter al horno un zapallo (o calabaza como le dicen en el resto del planeta) descomunal parecidísimo a un dinosaurio, que venía guardando desde hace semanas para cuando el invierno me golpeara en el alma. Eso fue hoy. Sólo puedo decir que empecé a almorzar con frío y que terminé no solo con el corazón contento de la barriga llena, sino con un calorcito interior maravilloso que todavía no se me va. ¿Era una sopa caserita? Mmm. Nunca la he visto así en una casa, pero la verdad cualquiera la puede hacer, sin ningún problema técnico. Y dice así.El ingrediente principal de la sopa fue un zapallo. Pero no un zapallo cualquiera. Era lo que aquí llaman, por falta de nomenclatura más precisa, un “zapallo tipo loche”. Se parece al loche en la piel, pero no tiene la densidad de su interior, hermosamente anaranjado. El zapallo lo cociné al horno ayer. Me gusta al horno, no se llena de agua ni le diluye el sabor. Seguramente los próximos días reaparecerá en mi menú con una nueva personalidad.

El resto de los ingredientes es como sigue. O dan sabor o dan textura o los dos. El zapallo en sí mismo es el vehículo de esta sopa, es como el lienzo sobre el que se pinta el cuadro Usé un par de tazas de pulpa cocida del zapallo
- Una cebolla morada cortada finísimo. ¿Por qué tan fino? Porque su misión en la vida era desaparecer, dejar tan solo el fantasma de un sabor dulzón.
- Varios dientes de ajo, picados fino. Picados, no chancados, aplastados o hechos puré. En el momento en que se aplasta el ajo aparecen las partículas sulfurosas que llevan con seguridad a la halitosis. El ajo crudo picado fino es mucho menos agresivo que el ajo aplastado. Una cocción relativamente prolongada lo domestica aún mas
- Cuatro papitas nativas tipo duraznillo, amarillas, y densas. Si no las tiene, búsquese las papas que usaría para puré. Las partí en trozo tamaño bocado y las dejé sin pelar. Dos razones: la cáscara tiene muchos nutrientes y se iba a desprender de la carne, dejándome de regalo una nueva textura, como de hoja de verdura.
- Un quesillo picado en cubitos. El quesillo, no el queso fresco, es un queso muy elemental de leche descremada, casi carente de sabor, salvo que uno piense que la leche es muy sabrosa. No lleva sal. Pero derrite de la manera más dulce posible, No deja hilos, sino que se deshace literalmente en la sopa o en la boca. Yo lo encuentro únicamente en el mercado ecológico. Ojalá lo vendieran en el super. A falta de quesillo, tal vez algo de mozarella o queso de Oaxaca para los amigos mexicanos que son el 20% de los lectores de esta página.
- Unos ciento cincuenta gramos de arvejitas (guisantes, chícharos, alverjas, dígalo como quiera) apenas hervidas
- Dos hongos porcini cortados en cubitos. No es para que se deshagan, que no lo van a hacer, sino para tener un sabor extra y otra sensación táctil del mismo tamaño que las arvejas, pero más blandita, casi carnuda
- Una taza de agua de kion. Alicia hirvió kiones (jengibres) pelados en su búsqueda incesante del santo grial del kion acaramelado. El agua resultante era puro sabor. Habría sido pecado mal utilizarla.
- Sal
- Pimienta de cayena (o ají en polvo si todavía no ha descubierto las virtudes de la cayena)
- Leche evaporada (use crema si prefiere o si en su pueblo no hay leche evaporada.
- Aceite de oliva
- Aceite de oliva con trufas. Disculpe, se que probablemente no va a tener esto en su despensa. Pero yo sí, para su negra envidia. Se lo debo a mi buen amigo Ignacio, proveedor emérito de cosas comestibles y bebestibles, además de hombre sabio en cosas de comer. Si no tiene aceite de oliva con trufas, un buen extravirgen le funcionará de maravillas. O tal vez un aceite de pecana. Es buenísimo.
Como suele suceder, la lista de los ingredientes es más complicada que la preparación, que en sí misma es sencillísima.
- Licué el zapallo con un poco de agua hasta lograr una crema sin grumos ni dureza alguna
- Puse la cebolla y el ajo a cocer en una cucharada de aceite de oliva. Fuego suave.
- Cuando la cebolla cambió de color, añadí el zapallo licuado. revolví bien y vertí el agua de kion y las papas. Llevé a hervor y dejé cocinando tapado.
- Cuando las papas estuvieron entre cocidas y crudas, puse los hongos picados.
- Cuando los hongos picados y las papas estuvieron casi cocidos, puse las arvejitas.
- Regulé la densidad de la sopa agregando agua y removiendo
- Sazoné con sal y pimienta de cayena
- Incorporé el queso, revolví, apagué el fuego y tapé la olla.
- Dejé todos los sabores creciendo y conversando mientras ponía la mesa.
- Vertí la sopa en una sopera grande para servir, le eché un chorro muy pequeño de leche y otro muy avaro del aceite con trufas. Di una pequeña vuelta, y la sopa quedó así:

De la sopera al bowl, del bowl a la boca, de la sopa al calor. Por un momento el invierno se esfumó.
¿Sopa caserita? Sí. Heredera del locro, tal vez. Buena cosa, en todo caso.
En la mitología peruana, el zapallo engorda. O por lo menos engorda las pantorrillas. Si es así, las mías pronto parecerán las de Popeye. Pero eso son cuentos de viejas. La verdad del zapallo es que es uno de los alimentos que más llenan con menos calorías. Para los diabéticos, el zapallo tiene un índice glicémico realmente bajo-bajo. Para los que quieren bajar de peso, una carga calórica ridícula. Para los que quieren comidas completas y equilibradas, el zapallo tiene todo. Si una comida completa tiene cien puntos, el zapallo tiene 85. Si le da curiosidad, aquí están los números. El resto de los ingredientes no hacen más que completar y añadir lo suyo a la base, sea el calcio del queso, los nutrientes de la papa o la fibra de las arvejitas














Ayer si que llovió en Lima, pero llover, llover de verdad. Este invierno esta rico y esta cremita se pone al frente de la fuerza abrigadora.
Que deliciosa debe ser. Que buena crema, definitivamente el que sabe, sabe.
Bonito zapallo y que grande se ve también.
Saluditos.
Su.
Acá en Valencia estamos a 36 grados…pero al leer esa receta tan rica y calientita, me entraron unas ganas de invierno de Lima con chompa y pijama polar…y estar en casa de mi tía tomando esa sopita caliente y con mi pancito francés… Don Lucho, casi me hace llorar…la dolce nostalgia…pero qué dolce. Gracias, Don Lucho !
¿No es extraño? El verano tiene mejor imagen, pero el invierno es siempre más entrañable. A más invierno, más zapallo
Por alusiones. Qué bueno, Don Lucho, leer de las estaciones desde lugares tan distantes como Valencia o Lima. lo que en valencia se antoja como frío de pijama polar y sancochado apenas se traduce en máximas de 18 grados en Lima. El invierno limeño es como la primavera valenciana, pero ligamos la naturaleza de la cocina a esas circunstancias. Me gusta su sopa -más tirando a crema con esa reunión láctea tan limeña- pero ¿quién dijo que una sopa no es un almuerzo completo? Hubo tiempos en que, cuando se daba, anunciaba día de fiesta y, más que plato único era dieta única. Supongo que utilizó el aceite de trufa negra. El de la blanca, además de ser falso, aporta mucho aroma y poco sabor.
Trufa negra fue. Y frio es frio, cuando pasan tres días de algo parecido a la lluvia verdadera, no la normal garúa, con una humedad constante de 98%
Dos atingencias Don Lucho, de un sopero consuetudinario, y de la crema de zapallo en particular.
Medio aji amarillo tostado en sarten caliente, sea en juliana o brunoise, más el otro medio licuado en un poco de aceite, y unos granos de choclo serrano hervido en vez de arvejas (no además de) le da una elegancia singular a la crema que evita confundirla con un locro suelto.
La otra es la versión del bar Los Perros en Cuzco, con una pizca de curry rojo y cardamomo, pero hecha con zapallo macre que se porta de maravilla con la especiería asiática.
Gran dato el de Los Perros. Corro a hacerla al toque. No tengo ni curry rojo (ni esperanzas de conseguirlo en Lima) ni los camaroncitos secos que están en su base,
pero haré un experimento basado en ají panca, ajo y fish sauceYa lo hice. Por suerte tenía palillo fresco y semilla de culantro. Me va a quedar para varios días. Buenazo. Veremos qué pasa con la sopa. Todavía no he hecho la mezcla.