
En Piura, al norte del Perú, al puré de plátano lo llaman Malarrabia y están seguros que es un plato típico local. En la amazonía peruana le dicen Tacacho y también es un plato típico regional exclusivo. Los dominicanos y los portorriqueños están muy orgullosos de su Mofongo. En Ecuador, el Bolón de Verde es un plato nacional. En todos los casos, es básicamente el mismo plato con distintos, sonorísimos nombres.
A mí me gusta decirle Fufú, el nombre más antiguo que trajeron consigo nuestros antepasados esclavos y que todavía se usa en toda la costa atlántica del África para llamar al puré que está en la base de muchas dietas locales. En América el Fufú es de plátano, ocasionalmente mezclado con yuca. En África suele ser de yuca o camote y hasta maíz, pero también de plátano.
He comido Malarrabia, Tacacho, Mofongo y Bolón. Pero hoy lo preparé por primera vez, y estoy feliz. No encontré un plato, sino un ancho camino creativo que me amplía radicalmente el panorama de mi comida. Mientras lo hacía y mientras lo comía, se me fueron apareciendo docenas de variantes. Estoy seguro que el Fufú será parte de esta página una y otra vez.
Le cuento lo que hice hoy…
El Fufú lo hice con plátanos bellacos. Así llamamos en el Perú a unos plátanos verdes muy grandes, que se pueden dejar madurar y que cuando están completamente maduros toman color negro. Yo los usé a medio madurar, cuando por su color amarillo y pecoso se parecen más a sus primos, las bananas domésticas de todos los días.

Antes y después. Plátanos semi maduros y horneados, listos para preparar.
Pequeña precisión para los lectores peruanos: en el Perú, a diferencia de otros países, aquí le decimos plátanos a las bananas. En general en nuestro idioma, plátano es el de cocinar, que no se come crudo y banana o guineo es el que se come como fruta. Hay muchas variedades: verdes, rojos, de carne blanca o de carne rosada. No las conozco todas, pero siempre se aprende.
Este fue el procedimiento:
- Puse dos plátanos en horno mediano, aprovechando que Alicia cocinaba un pastel de berenjenas que está para aplaudir con entusiasmo, y los dejé hasta que tomaron un saludable color negro. Al tacto, se sentían blandos, pero no fofos.
- Los dejé enfriar en paz mientras llegaba la hora de cocinar.
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Los plátanos horneados y pelados
Los partí en pedazos y los aplasté con un majador. No los pasé por el prensapapas porque quería una textura áspera, como la que he visto en las fotos y la que he comido como malarrabia, tacacho o mofongo
- Una vez hechos puré continué aplastándolos un poco para evitar que quedaran pedazos grandes.
- En el camino, se puso un poco demasiado blando, de manera que antes de servir lo calenté en una sartén de teflón, con cero grasa, y lo fui sazonando cuidadosamente con sal hasta llegar al punto que me pareció perfecto.
- En la sartén se me secaron un poquito de más, y lo compensé con el jugo de media naranja. En ese punto, mi Fufú llegó al punto de sabor y textura que me había imaginado. No le puse nada más.
Coulis de tomate picante
Mientras lo preparaba, se me ocurrió que combinaría muy bien con una salsa más o menos picante. ¿Qué tenía a mano? Mi infaltable pasta de tomate sin sal y ají panca en polvo, picante como un diablo. En una pequeña sartén puse a sofreir la pasta en aceite de oliva sin sabor con una pizca de ají, porque no quería una salsa picantísima, sino un ligero toque. La sazoné sólo con sal, y la desleí hasta el punto de líquido que quería, para que no fuera un salsón epeso, sino una suerte de coulis.
Cerdo y Palmito
Para los esclavos que venían de África, el Fufú era el centro y tal vez la única comida del día. Yo lo veo más como un acompañamiento que como un plato independiente. Muchas de sus variantes se combinan con cerdo. Vox populi, vox dei, aproveché unos lomitos muy magros y muy tiernos, y simplemente los hice a la plancha, únicamente con sal. Un buen cerdo no necesita más.
Por último, en homenaje al tacacho de la selva peruana, elegí para acompañarlo unos palmitos, que le quedaron sensacionales. La próxima vez prometo hacerlo con ensalada de chonta (el palmito sin procesar), porque hoy la providencia me premió con un programa de TV donde aprendí que puedo encontrar palmito a cinco minutos de mi casa. Yo que había perdido la esperanza.
El resultado fue un almuerzo sorprendente. El Fufú de plátano casi maduro estaba dulce ma non troppo. Su textura no era la de un puré normal para desdentados sino que tenía la riqueza primordial de las cosas hechas a mano. Combinaba perfectamente con el leve ácido-picante del coulis de tomate y ají panca, y se conversaba con cariño y entusiasmo con el cerdo tierno, crocanto y jugoso, todo en uno.
Tenía, por añadidura, el don de la novedad, la sorpresa que tanto le gusta al paladar. En suma, un hallazgo. Sospecho que cuando usted lo haga, y hágalo en cuanto pueda, le saldrá distinto. Esto no es una fórmula, es en el mejor sentido una receta: una indicación del camino que se puede seguir.
Antes de cocinar, miré docenas de recetas de los nombres locales de Fufú. En términos dietéticos y gastronómicos suelen ser platos recargados, complejos, llenos de grasa y saborizantes de toda laya. Y me pregunté: ¿Es necesario todo esto? Conozco el sabor del plátano y es tan perfecto cualquiera de sus etapas de maduración que recargarlo me parece una exageración. Y no estoy dispuesto a dejar de comer sano. Por eso lo dejé así de sencillo. Aproveché un ingrediente que los dietistas han empezado a revalorizar en los últimos tiempos, El plátano es una fuente importantísima de potasio y vitamina C. Su contenido calórico es sorprendentemente bajo (unas 200 calorías por unidad), y las sabias medicinas tradicionales lo usan para los males estomacales. (La medicina occidental está demostrando su valor terapéutico). La preparación de hoy usó lomo fino de cerdo, una de las carnes más inocentes en términos de colesterol, en lugar de los chicharrones que acompañan muchas veces a este plato.




















Hola!
Solo queria decir que el “puré de platano” del norte (malarrabia) no es solo puré de platano. También lleva cebolla, achiote y QUESO de CaBRA. Todo revuelto. Se come en época de semana santa y siempre acompanado de arroz, frejoles y sudado de pescado. Asi que no solo es puré de platano bellaco :) y entonces tal vez, los nortenos si podemos decir que es un plato tipico :p
Finalmente, alguien sabe si podemos encontrar estos platanos en Europa? Como se llaman? (vivo en Francia)
Gracias!!
Doña Rosana, tampoco el tacacho, el mofongo ni el bolón de verde son pura y exclusivamente puré de plátano Cada uno de ellos, con sus infinitas variantes, tiene sus propias peculiaridades. Comparten todos un tronco común, el fufú africano, y a eso me refería. En Francia encontrará platanos bellacos en cualquier mercado frecuentado por africanos.
En República Dominicana le dicen Mangú al tacacho, aunque lo hacen más suave en textura y se come con una salsa de ajo.
Mangu, mofongo, fufú.
Mangú, mangú.
Fufu, mofongo, fufu.
Fufú mofongo.
Mangú, mangú.
Mofongo!
Dios mío, que bonito suena a tambores africanos.
No importa que se haya quedado sin baterías , lo importante es que lo disfrutó y lo comparte con nosotro@s, ya me lo estoy imaginando al plato, no obstante estaré atenta a cuando edita la fotografía más adelante.
Me tentó, Ciber con sus cebollas, así que tomé tres muy grandes, las caramelicé y me las comí, acompañadas por champignones y morrón saltados y unos camotes al horno. Fue un lujo de almuerzo, pero la cámara se me quedó sin baterías y no lo podré consignar hasta que lo haga de nuevo. No creo que me demore mucho, porque resultó un plato sorprendente. Alicia, que es una purista de las cebollas caramelizadas, y para mi felicidad hace las mejores que yo conozco -en serio- me dice que me va a enseñar cómo cocinarlas, así que apareceré con una receta mejor en cualquier momento.
Gracias a los dos, me encantó la colaboración tan amable de Don Ignacio, los blogs son para eso para intercambiar ideas y conocimientos , yo me lo imaginaba porque la cebolla es dulce por sí sola como cualquier vegetal, en realidad la naturaleza nos dá todo lo que necesitamos. Besos y mil gracias
Está en su casa, don Ignacio. Gracias, más bien por la receta. Sólo un par de datos más para Ciber:
1)como pierden el agua, las cebollas reducen casi 80% de su volumen al caramelizar.
2)téngales paciencia. El proceso toma su tiempo. Si lo acelera con fuego alto la cebolla se quema.
Lamento haberme perdido la nota del plátano rojo. Prometo ser más aplicado. la buscaré y los probaré. Sobre lo que pide Cibercuoca, permítame decirle que la cebolla caramelizada, o confitada, no necesita el añadido de azúcar y no precisa recetas especiales. Basta con cortar fina la cebolla, colocarla en una sartén ancha a fuego lento con tres cucharadas de aceite (más o menos), y mantenerla a fuego lento, removiendo de vez en cuando hasta que toma un color marrón y una textura untuosa. El proceso hace que la cebolla pierda gran parte del agua que contiene y se concentren, de forma natural, sus azúcares. La cebolla queda dulce y muy agradable. Lo siento. estoy en cama con gripe, me aburro y me meto en los blogs ajenos. Disculpe la intromisión Don Lucho.
Casi me olvido, una amiga que tiene el marido con diabetes me preguntó por las cebollas caramelizadas para prepra para un diabético y los ajies ídem, tiene usted la receta y dónde…?
Ya la envíe a su blog pero no quiere escribir.
Gracias
Hola Don Lucho, gracias por participar en el evento del pan por Africa, ya verá que hacer panes se vuelve una adicción, yo estoy experimentando con diferentes harinas y texturas, me encanta!
Besos
Don Ignacio, hace unas semanas hice una nota sobre plátanos rojos. Se han vuelto uno de mis postres favoritos. Son más dulces y ligeramente ácidos que los plátanos bellacos, y no tienen el hilo central de semillas de los plátanos de la isla. Si se dejan madurar lo suficiente están para comérselos crudos. Como color, son los más atractivos de todos.
Fufú. Bonito nombre, Don Lucho. Podría ser el título de una película italiana de los 60. Insinuante, suave y consistente, como ese puré de plátano que más parece una unidad de destino en lo universal: mil verdades absolutas y una sola realidad. Me pregunto por los usos que puede proporcionar el plátano rojo que cita en su texto y le felicito por ese añadido picante al puré. Ají y dulce suelen mantener excelentes relaciones, como demuestra cuando el ají se mezcla con chocolate. Otra cosa: al cerdo tampoco le iría mal un toque de pimienta negra, mejor machacada que molida.