Sopa de lentejas y cebolla

Lunes. Como manda la tradición, día de lentejas. Como suele ocurrir en esta casa, día de aprovechar las lentejas cocinadas una semana atrás y cuidadosamente congeladas. Día también de cebollas, por causa de un olvido que me llevó a comprar cebollas el fin de semana cuando en realidad me quedaban de sobra para los próximos días. De hecho, lo primero que se me ocurrió fue convertirlas en una buena sopa de cebollas, y estaba empezando a hacerlas cuando me dije: ¿Qué pasa si convierto la sopa de cebollas en un suculento plato de lentejas? No lo pensé dos veces, y emprendí la tarea.
En realidad no hay nada más sencillo. Tomé, no se, cuatro, cinco cebollas grandes y hermosas y las rebané en aros gruesos y grandes: no tenía el menor interés en deshacerlas y que perdieran su presencia. Las espolvoreé sin medirme con curry en polvo, y las puse a rehogar en la olla en aceite de oliva, tal vez una o dos cucharadas, revolviendo para que se cocieran parejo, y, cuando empezaron a ponerse transparentes, añadí tal vez una taza de agua. No mucho, apenas para que las cebollas se cocieran al vapor.
Antes de tapar la olla, puse dentro un par de ajíes amarillos, acuchillados por los costados, para que soltaran su sabor.
Las dejé cocinando y, mientras tanto, derretí violentamente mi envase de lentejas en el horno de microondas.
Cuando las cebollas y los ajíes llegaron a un punto de cocción tierno, pero todavía con resistencia al mordisco, las mezclé con las lentejas, añadí agua y un chorro de leche descremada. En ese momento sazoné únicamente con sal. Ya estaba listo. No necesitaba nada más
No es un plato instantáneo, sólo porque las cebollas y el ají toman su tiempito en cocinar, pero es extraordinariamente fácil. Es una sopa, sí, pero una sopa sustanciosa, con harto umame, capaz de dejarlo a uno con la barriga llena y el corazón contento. Tiene la simplicidad de las cosas buenas y, a pesar de su sencillez, un conjunto armónico de sabores individualmente reconocibles, pero complementarios. Es una sopa, pero fue un plato único enteramente satisfactorio que, además, me produjo la perversa satisfacción de haber logrado una forma nueva (para mí) y distinta (para mí) de preparar y comer las lentejas. El curry y la cebolla las acercaron a los sabores de la India, pero el aceite de oliva las conservó dentro de la tradición occidental y cristiana. Y es por último un plato donde cada comensal puede graduar libremente y sin imposición la intensidad del sabor. El ají cocido en las cebollas emite poco picante. Quien quiera mucho, no tiene más que abrirlo y devorarlo. Quien quiere poco, los puede dejar de lado o comer una puntita.
Si ha llegado hasta aquí, hágase un favor. Aunque la diabetes o la dieta le importen tres pepinos, le invito a leer el último, obligado párrafo dietético. Encontrará cosas que no sabía y vale la pena saber.
Las lentejas, como las demás menestras, son fundamentales en una dieta equilibrada porque tienen pocas calorías y mucha fibra. Pero llenan.
Su capacidad de llenar ayuda a quienes quieren bajar de peso, porque se satisfacen con pocas calorías, y ése es todo el juego. Para los que necesitan especialmente fibra, los diabéticos y los que tienen que cuidad su colesterol, las lentejas son una de sus mejores soluciones. A los diabéticos la fibra los ayuda a estabilizar el azúcar en la sangre; a los colesterolémicos les secuestra el colesterol en el intestino. No tienen pierde. Por añadidura, son una de las mejores fuentes de folato y magnesio, que reducen los riesgos cardíacos considerablemente. Las cebollas, en grandes cantidades, son especialmente beneficiosas para los diabéticos, porque reducen los niveles de glucosa y son buenas para todos porque están entre los alimentos más ricos en flavonoides, que reducen el riesgo cardíaco. Me guardo para otros platos con cebolla la explicación de sus virtudes antiinflamatorias y antibacterianas. Queda una cosa en claro. Cebolla y lentejas es una combinación ganadora para cualquier dieta.
Y como suele suceder con las comidas más sanas, es también increíblemente sabrosa.












Don Lucho, esta rica la sopita y justo pa este frió de 3 grados que hay aquí en la Patagonia. pero mi preguntita es el ají amarillo no le da picante xq aquí mi familia Argentina nunca comió picante.. Lo tengo que poner entero con pepas y todo o saco las pepas… gracias
Como ve en la foto, lo pongo entero. Le hago unos tajos para que suelte sabor. Si su familia es de poco picante, hágale pocos tajos y tal vez no muy profundos. Si soportan el picante, haga tajos más profundos. Uno no debe infligirle un picante brutal a sus comensales, creo yo.
Como conserva las legumbres congeladas? cual es su secreto para que no se desarmen cuando las agrega a las preparaciones?
Saludos.
Dos secretos, doña María Mercedes. El primero, prudente, el segundo, vergonzante. Prudente: al cocinarlas originalmente, las dejo ligeramente crudas. En general, de una bolsa de legumbres o menestras saco dos o tres platos. Por lo tanto, las cocino con poca sazón, casi ningun. Y una vez hechas, las combino con todos sus saborizantes. Eso me obliga a no cocinarlas hasta la perfección, porque al llegar a la segunda parte se me desbaratarían. Vergonzante: cuando me excedí de cocción y al descongelar se deshacen, terminan convertidas en puré o sopa. Por lo demás, en cuanto enfrían las pongo en bolsas de refrigeración y al congelador.
Que buena sopa! lo màximo las lentejas , adoro las menestras.
Al ajì lo miro de reojo, pero igual lo pondrè. :)
saluditos,
su.
No es obligatorio comérselo, pero ayuda a darle un toque de sabor