
Uno de los misterios de la naturaleza humana es por qué la gente no come más berenjenas. O, para ser más precisos, por qué la berenjena tiene la fama inmerecida de ser difícil de preparar. En esta casa, no hay semana que no compremos unas cuantas berenjenas. A veces encuentran su destino en un pastel, a veces se hacen a la parrilla, a veces las simplemente las ponemos al fuego hasta que se quemen, las pelamos y usamos su carne para algún tipo de hummus o baba ganoush o un dip cualquiera. Jamás las hacemos fritas porque absorben aceite como esponjas, pero casi cualquier otra forma de preparación vale. Esta vez las preparé al vapor. De esa manera…se cuecen divinamente, mantienen su forma, preservan una apetitosa textura y sobre todo conservan íntegro su sabor. Nada de lavarlas en agua con sal ni otras macacadas. Simplemente las corto en cubos, y las pongo al vapor hasta que se dejan atravesar por una brocheta sin oponer resistencia. En ese momento, ojo, todavía no están en su punto, pero ya les llegará la hora.
Hechas al vapor, como es frecuente en la comida china, las berenjenas son ricas, pero pueden resultar un poquito sosas, así que mientras se cocinaban fui salteando en muy poquito aceite una cebolla picada finito, a la que acompañé con cubos de lomito de cerdo rigurosamente desgrasado. Agregué también unas cuantas hojas de albahaca picada, algo de orégano, algo de tomillo, un par de cucharadas de salsa de tomate sin sal ni sazón alguna y un poco de agua.
En cuanto el cerdo estuvo cocido, incorporé las berenjenas, revolví con cuidado para mezclar los sabores sin romperlas, porque las quería intactas, y cuando todo tomó hervor, apagué el fuego, sazoné con sal y un toque de pimienta, revolví, le di mi bendición y tapé la sartén para que todos los ingredientes fusionaran, enriquecieran y redistribuyeran sus sabores, sin intervención humana.
Si fuera previsor habría hecho el plato en la mañana para comerlo en la noche, pero no lo soy. Después de dejarlo reposar un ratito, serví y nos lo comimos con un hambre de lobos, exacerbado por los olores del guiso.Estaba bueno. Muy bueno. Sobresaliente. La berenjena había logrado absorber los sabores del chancho y las hierbas de olor, sin perder su propio caracter. El chancho estaba en su punto de sabor, El jugo había perdido la inocencia ligeramente boba del tomate solo, y había ganado los sabores de la berenjena y el chancho. Buena música, buen coro.
Nota dietética. Por lo menos en mi caso, una de las mejores maneras de hacer naufragar mis dietas son las comidas livianas, de las que uno sale como si no hubiera comido. ¿Qué puedo decirle? A mí me gusta salir del almuerzo con la barriga llena y el corazón contento. Para esto, las berenjenas son una de mis mejores armas secretas. Un buen plato de berenjenas, sobre todo cocidas sin deshacer, se ve imponente, se siente suculento, y llena como si uno se hubiera comido una panzada. ¿A qué costo? Bajísimo: el contenido calórico de la berenjena son 28 calorías por taza. Imposible engordar con berenjena. Ojo, esa misma taza de berenjena frita tiene 1000 calorías; mejor cómase un Big Mac. Eso no quiere decir que carezca de nutrientes. Tiene muchos, entre ellos algunos bioflavonoides que aparentemente protegen contra ciertos cánceres. El chanchito, por su lado, es tan inocente como el pollo si uno le quita bien la grasa antes de cocinar. Y de ser sabroso, es sabroso.














Es que la berenjena, al igual que los hongos, tienen la virtud de ‘amancebarse’ con las carnes como si fueran iguales, lo que no ocurre con los espárragos, el zuchini y otros vegetales, a los que a veces hay que encamarlos un poco a la fuerza.
Me encanta la berenjena, aquí se suele comer formando parte de parrilladas de verdura, o incluso asadas formando parte de un plato típuco catalán llamado escalivada, una delicia además de muy saludable!.
Aprovecho para comentarte que pronto estaré de viaje por Lima y quisiera saber donde se encuentra el mercado ecológico del que hablas en alguna de tus entradas. Soy una enamorada de los mercados y quisiera tener alguna referencia para visitar e ir a tiro fijo.
Muchísimas gracias por adelantado!!
Gran comentario don Jaime. La berenjena se acomoda con todo, aunque a veces sorprende con una inesperada amargura, y cuando pasa la flor de su edad, puede ponerse dura y roñosa. Por eso hay que escogerlas jóvenes, con la piel tersa y duritas al tacto.
Con un poquito de arrocito. poquito nomás…
Chanchito mmm que rico.
Su.
ah…el vicio peruano del arroz :)