
Hace muy poco publiqué tres recetas de ají molido. Pensé que con eso tendría suficiente variedad para acompañar mis yuquitas y mis choclos durante un buen tiempo, y hoy, que tendría en casa a dos buenas amigas de buen diente y mejor paladar, me dije que si hacía las tres salsas y las acompañaba con las susodichas yuquitas tendría resuelta mi entrada. Y de paso tendría algo fresco que ofrecer al evento culinario HEMC en el que suelo participar.
Fui al mercado por ingredientes frescos, y el lo que encontré me hizo cambiar de opinión. En primer lugar, encontré choclitos bebé, y se me ocurrió que podían servir para el aperitivo. Luego encontré espárragos, y también me parecieron una buena idea. Pero lo que me cambió realmente el camino fue que había unos rocotos estupendos y unos ajíes dulces de la selva que nunca había probado y que me juraron que tenían sabor pero no picor. Para colmo, encontré unos jalapeños maduros que sí picarían como diablos. Así, armado con mis nuevos ingredientes y las demás cosas de la compra me enfrenté a la cocina y terminé haciendo cuatro ajíes molidos distintos a los que había hecho. Acá van, siguiendo el orden de las manecillas del reloj.
Salsa de ají dulce con mozzarella
La primera salsa de la tarde la hice con ajíes dulces. En el Perú pensamos que éste es un ají típico de la selva. En realidad es un ají muy difundido por todo el planeta, al punto que su nombre es capsicum chinensis. Es muy fácil de encontrar en el Caribe y en Estados Unidos. No tiene picante, pero sí un sabor muy agradable. Para darle una puntita de picor, usé media docena de ajíes dulces y un chile jalapeño maduro (rojo). Les saqué las semillas y los pasé un momento por agua hirviendo. Luego los puse a licuar con aceite y sal. El resultado tenía un rico sabor, pero la textura era demasiado aguada para mi gusto. Decidí agregarle un poco de queso, el más neutro posible para comunicar sólo un leve sabor lácteo y encontré media bola de mozarella. La deshilaché y la agregué a la mezcla. Molí bien y pasé todo por un colador chino muy fino para que quedara como una crema sin residuos. Listo. El sabor es misterioso. Levísimamente picante, cortesía del jalapeño, el dulzor no es el del morrón o el del ají amarillo. Rico, muy rico.
Vinagreta de Rocoto
El rocoto (capsicum pubescens) no es fácil de encontrar fuera del Perú y Bolivia. En México hay una variedad parecida, el Chile Manzano. Rojo y rotundo, suele ser sumamente picante. Seleccioné dos rocotos pequeños, les extraje las semillas y los cocí en dos aguas. Los licué con un punto de aceite de oliva extra virgen y sal, y les agregué otro punto de vinagre de uva quebranta. Este último ingrediente no lo va a encontrar, pero un buen vinagre –no la cosa esa que venden en botellitas de plástico– le servirá igual. El inconfundible sabor del rocoto quedó intacto. El aceite y el vinagre lo llevaron a un territorio más cercano a las ensaladas. Lo probé con espárrago y sentí que estaba realmente bueno. Con esta receta no sólo he ganado una salsa para picar, sino una vinagreta para ensaladas de primera línea. Desgraciadamente se acabó en una sola sentada, así que no la pude experimentar de este modo, pero en cuanto se me pongan a mano otros rocotos, la hago de nuevo.
Salsa de ají amarillo reforzada
Mi manera regular de hacer ají molido es hirviendo, pelando y moliendo con sal y un poquito de aceite de oliva. En los últimos meses estoy haciéndolo de otra manera: lo tuesto con ajo y a veces con cebolla, y lo muelo con sal y aceite. En general lo tuesto hasta que se empieza a quemar y el resultado es el que mostré en las recetas anteriores . Esta vez opté por el camino intermedio, es decir cocinar el ají en la sartén junto con los ajos, pero sin dejar que se tueste para que no le cambie el color. Para esto, primero puse seis grandes dientes de ajo enteros ajos a dorar, lenta y pacientemente, en fuego muy bajo para que no se tostaran, demasiado, pero se cocieran a fondo hasta quedar como una pasta. Luego incorporé unos seis ajíes amarillos, bien privado de venas y semillas, y lo salteé para que se cociera sin tostarse. A la licuadora con un punto de aceite de oliva sin sabor, luego al chino para tamizarlo. El resultado fue una crema cremosa, si vale la redundancia, con el sabor del ají como tono predominante, y detrás el bajo contínuo del ajo bien temperado, si vale la equívoca metáfora musical. ¿Resultado? Un ají molido muy civilizado, casi de etiqueta.
Pesto de queso de cabra a a la huancaína ¿O será huancaína al pesto?
La última salsa de la temporada la hice también con ají amarillo. En el mercado ecológico de Miraflores, la familia Igreda de La Cabrita no deja de sorprenderme con sus novedades en queso de cabra. Ellos consiguen hacer quesos que están francamente a la par de los franceses, y esta vez me encontré con un queso hecho con yoghurt de cabra. Estaba riquísimo, y se me ocurrió que una de mis salsas podría ser la vieja y querida huancaína, pero con este queso en lugar del queso fresco habitual. Y así lo hice.
Licué unos seis ajíes amarillos cocidos con un chorro de leche, agregué un moldecito de queso, un toque de aceite, sal y jugo de limón ácido, y el predecible resultado fue una estupenda huancaína. Pero resulta que Helen e Isabel hacen una huancaína extraordinaria y no me gusta darle a nadie leche de su vaca.
El olfato me guió a un manojo de albahaca fresquísima que perfumaba toda la cocina, y que había comprado para adornar una pasta con setas (también del mercado ecológico, pero de las Vaquitas Felices).
Queso y albahaca es una combinación perfecta, siempre. Queso y ají es una combinación perfecta, siempre. Queso, ají y albahaca tienen que ser una combinación perfecta. Tal fue mi razonamiento, y eso hice. En buena hora.
No he ganado una salsa. He ganado un plato, una familia de platos. Esto irá bien con papas y con yucas, con pasta y con choclo. ¿Será indispensable que el queso sea de cabra? Sospecho que no. Le añade un toque especial, que sentí desde el momento en que la salsa fue sólo una huancaína. Pero el verdadero descubrimiento (que seguramente miles de personas han hecho antes que yo, pero para mi fue novedad) es la combinación de la huancaína con la albahaca.














Querido don Lucho: De paso por Alemania me entero por una amiga que nuestro aji amarillo casi no lo sienten quienes desde aqui lo han conocido, porque sus paladares se han hecho al picante mas intenso de los ajies turcos y otros. Una pena que se pierdan notas mas sutiles del teclado ajicero. La foto de los 4 ajies y el leer sobre los choclos bebe (vaya placeres), me trajo a la memoria la vez que con Pierina alcanzamos el tercer cielo sentados a vuestra mesa. Espero acceder al cuarto (cielo, digo) del nuevo aji de la paleta. Retorno en unos dias, digame si precisa de algun aji turco o indio, u otra especie, que pueda encontrar yo en Berlin. Abrazote que alcanza a Alicia y a vuesa merced.
Querido Don Cuy, le toca a usted llevar el evangelio del ají amarillo a esos peruanos de la diáspora que se han dejado seducir por los ajíes turcos e hindúes, picantes hasta la obliteración de los sentidos. Llévelos de nuevo por el camino de la verdad. La virtud del ají amarillo no está en el picante. Está en el dulce que el picante esconde y el cocinero sabio controla para que estimule, pero no postergue. Los ruines ajies amarillos molidos que producen comerciantes impíos ajenos a la fe de nuestros mayores, incluyen semillas, venas y carne en su molienda, y el resultado es un ají que esconde su propio sabor detrás de un picante tímido. Invitelos a que se hagan amigos de nuestros mejores aliados, los granjeros ecológicos, los provean de semillas del mejor ají amarillo que llevarán de contrabando, en la costura de sus pantalones, para obtener abundantes ajíes frescos.
Si en sus exploraciones me puede conseguir algo de ají turco, le tengo curiosidad. No lo he comido nunca y se que es una variedad que no se da en otros lados. Y si en esas exploraciones encuentra lentejas hindúes rojas traiga lo que pueda y yo les prometo a usted y doña Pierina un almuerzo extraordinario,
Querido Don Lucho,
Leí su respuesta a Don Cuy. Estoy totalmente de acuerdo con su respuesta. Lamentablemente por estos lares solo se consigue el ají envasado en pomos. Hay una diferencia enorme en el sabor y los aromas. Ojalá algun exportador/importador se acuerde de los peruanos en el exterior. Sería la tapa conseguir ají amarillo fresco.
Soy conciente que no es fácil. Mientras tanto es posible comprar en Austria productos peruanos, como espárragos, palta fuerte, aceitunas de botija de Moquegua (en pomo), mangos frescos.
Un buen manjar, como Ud. lo comenta en su página, sólo sale perfecto con ají amarillo fresco. Y por supuesto, falta el queso fresco. Se consigue algo similar, pero le falta ese sabor peruano.
Si la gastronomía peruana está conquistando el mundo (entre otros via Gastón Acurio con sus restaurantes), los exportadores peruanos deberían hacer esfuerzos, para que los peruanos en la diáspora puedan tener acceso a estos productos. Hace algún tiempo, intenté contactar a exportadores, para obtener lúcuma en pasta. La idea era contactar productores locales en Austria, para mezclar la lúcuma con jogurt y/o productos similares. No obtuve respuesta.
Un cordial y afectuoso saludo
Ernesto Kaestner
A 6020 Innsbruck – Austria
kaestner@gmx.at
sin duda hare estos ajies!
Mi esposo es un gringo que no puede comer nada que o tenga rocoto o cualquier aji peruano…no es muchod e jalapeños. pero muerde el rocoto como si fuese pimiento paprika….
:D
Si tiene cuidado con las venas, su esposo le va a agradecer
Don Luchito, mis sinseras felicitaciones por vuestra dedicación a los condimentos Peruanos, he anotado vuestras experiencias culinarias, y muy entusiasmado las tratare de realizar, desde ya comparto plenamente vuestros comentarios, y apreciaciones.
mis atentos saludos
Luis Roberto
Arequipa – Perú
Para eso están las recetas, para que las haga como quiera, seguramente y ojalá distintas, afinadas a su propio paladar