Saltado de cerdo con naranjitas chinas y champignones, acompañado por espárragos y choclito bebé.

A falta de tiempo, buena cara. Dos sartenes y una olla, y uno se puede construir un almuerzo espectacular para los ojos, el paladar y el olfato en 15 minutos, de punta a punta. ¿Qué necesita? Poca cosa. Apenas un pedazo de carne de chancho, unas naranjitas chinas (quinotos o kumquats), unos champignones, unos espárragos y unos choclitos bebé.  Y un poquito de pisco. Usted me dirá: Don Lucho, pero esas no son cosas que uno tiene todos los días en la casa. A lo cual yo le replicaré que el arte de cocinar está en el arte de surtirse con los alimentos de la temporada y hacer con ellos lo mejor que uno pueda.

Ocurre que por alguna razón, los supermercados estaban llenos de naranjitas chinas, que poca gente compra porque no saben qué hacer con ellas. Yo si se. Me las como crudas a lo largo del día, como snack, con cáscara y todo. Son un sabor extraño, porque es intenso, entre amargo y dulce, pero cuando uno le toma el gusto son encantadoras.

Seguramente habría mucha cosecha de champignones, porque estaban a mitad de precio, y cuando encuentro cosas a mitad de precio compro el doble. Y por maravillosa coincidencia, pasaba lo mismo con los espárragos. Sospecho que de cuando en cuando algo pasa con un embarque de exportación: se les va el barco o se demora la aduana, qué se yo. Entonces llegan al super en cantidad, y ese es el momento de aprovechar.

Carne, uno siempre tiene. Si usted lee esta página desde hace tiempo, sabrá que casi casi no como carne roja, pero nunca me faltan ni mi pechuguita de pollo ni mi lomito fino de cerdo, ambos magros, atléticos y sabrosones.  Pisco, tampoco puede faltar en un hogar peruano, por lo menos en invierno. Claro, si usted vive donde no hay pisco, cualquier trago fuerte le servirá igual. O también vino, como verá más adelante.

Así las cosas, lo único realmente exótico fueron los choclitos (maicitos) bebé, pero también tienen su explicación: en el mercado ecológico donde llegan los productores, cada semana uno encuentra (o le faltan) cosas distintas. No pretenda hoy conseguir buenos tomates: todos estan pálidos y tristes. Pero cuando las cosas llegan, llegan, y hace un par de semanas había un montón de choclitos. Algunos los usé en el menestrón, otros los fui preparando de una u otra manera y los últimos encontraron su lugar en este plato.

El procedimiento es tan ridículamente fácil, que casi me da vergüenza contárselo. Tiene más de atlético que de gastronómico. Esta vez más que cocinero fui malabarista.

Antes que nada puse al fuego dos sartenes y una olla con poca agua.

Los primeros minutos los pasé haciendo mi preparación. Bien alineados mis boles de ingredientes, fui cortando el chanchito en cubos que sazoné con sal y pimentón en polvo. Partí uno por uno mis espárragos: la parte de la punta, al bol. La parte del cabo, al tacho. Eran frescos, así que poco se fue al tacho. Corté en dos mis naranjitas chinas y conforme las iba cortando, les sacaba las semillas con la punta del cuchillo.  Corté mis champignones por mitad y luego no hice nada más porque ya estaba listo. Al bol, por disciplina.

Esto, de veras ayuda. Antes iba cortando y picando mientras preparaba e inevitablemente acababa en correteaderas: que se te pega o se te quema una cosa cuando estás pelando otra; que te olvidas de un ingrediente capital; que se te recocinan las cosas. Como dice el escudo del Brasil, orden es progreso.

Ya con el agua borboteando lancé los choclitos y los espárragos. En la sartén de fuego más fuerte puse un chorrito de aceite y luego, con cuidado, como si tuviera todo el tiempo del mundo mis cubitos de cerdo sazonados, cuidando que no se peguen los unos a los otros. Tome nota, escribano. Si uno los tira a la diabla, los fuegos domesticos no dan para hacer costrita. En la otra sartén puse las naranjitas chinas .

Al fin de esta primera etapa, los espárragos estaban listos. A los choclitos les faltaba. ¿Cómo lo supe? Por el color, en el caso de los espárragos. El verde campestre que tenían al entrar a la olla se había convertido en un verde brillante, intenso. Cambio y fuera. ¿Cómo supe que a los choclitos les faltaba? Saqué uno y me lo comí. Créame, le faltaba.

Para entonces, las naranjitas chinas estaban tostándose de lo más contentas y procedí a acompañarlas por los champignones. Los cubitos de carne se habían dorado por un lado. Con mi fiel pinza les di la vuelta para que se doraran del lado opuesto.

Mientras lo iba haciendo, y esto requiere algo de minuciosidad y paciencia,  iba agitando la sartén de los champignones y las naranjitas chinas, para que se cocieran parejos por todas partes. En el camino me tuve que dar tiempo para echarles una mirada a los choclitos y decidir que ya debían estar. Fuera. Al plato, a acompañar a los espárragos.

En este punto ya mis cubitos de cerdo estaban bien cocidos, y volqué sobre ellos el contenido de la otra sartén. Le di un buen revolcón y mientras iban compartiendo sus sabores, me di maña para ir ordenando los choclitos y los espárragos en el plato.

En esa última vuelta de sartén, las naranjitas empezaron a soltar generosamente sus jugos y el conjunto ganó sabor. Cuando todo olía a gloria, vaya al plato. Naturalmente la sartén en ese punto estaba medio pegajosona con los jugos tostados de la carne y las naranjitas.  Eso no es un problema, es una oportunidad. En un vaso mezclé una copita de pisco con tres copitas de agua y las lancé a la sartén.

Los franceses lo hacen con vino y el procedimiento se llama deglacé. Sirve para dos cosas: a) generar una sabrosa salsa con todas las sustancias que se han pegado a la sarten, y b) dejar la sartén razonablemente limpia. Ambas razones me entusiasman, porque lavar sartenes pegosteadas no es el ejercicio más divertido del mundo.  Como no siempre tengo saldos de vino, y no voy a estar abriendo botellas para desglacear una sartén de almuerzo de diaro,  hace un tiempo que estoy experimentando con esta combinación de pisco con agua. La verdad, me camina muy bien. Cumple con los dos objetivos. Por alguna razón, para mi gusto el pisco y el ron son los dos tragos que me sirven mejor para cocinar. Con otras cosas he fracasado.

En cocina francesa más estricta, el deglacé con vino habría culminado con un cucharón de mantequilla para formar una salsa. Se que es bien rico y sabrosón, pero no me gusta abusar de esas cosas. Mi truco es cocinar con mucho sabor y el mínimo humano de calorías, así que eludí sin pena esta parte del procedimiento. Lo que hice fue sazonar este deglacé con un poco más de sal de lo necesario, porque recordará que no sazoné para nada ni los champignones ni las naranjitas chinas, y lo vertí con cuidado sobre el plato ya servido.

Antes de llegar a la mesa, bañé los espárragos y los choclitos con un chorrito de aceite de oliva muy virginal, sazoné con sal y pimienta y eso fue todo.

Digo, fue todo para la foto, porque después vino la parte buena. Al cocerse, las naranjitas chinas abandonan la mayor parte de su amargor natural y ganan en cambio un dulzor maravilloso, que, combinado con el sabor intenso del cerdo cocido  a buen fuego y ligeramente salado de más, se potencian y complementan de forma espectacular. Sobre todo cuando el complemento son unos champignones cocidos, pero no blandengues, con un ligero aroma a tostado y con su sabor intacto, porque no conocieron la sal durante la cocción. La compañía de los espárragos y los choclitos, ambos crocantes, no crudos, pero cercanos a la crudeza, no calientes como los frutos de la sartén, pero no frios como una ensalada marginal, ambos con texturas propias y su sabor intacto, apenas levantado por la sal y el aceite, resultó mejor de lo que había imaginado.

El otro día encontré de nuevo naranjitas chinas en el super. Las compré para repetir el plato. Me vencieron la gula y la ansiedad y me las comí todas antes de poderlas usar como ingredientes. Estoy arrepentido. Ruego al Señor de las Naranjitas, a San Kinoto y a nuestra señora del Kumquat que me las pongan de nuevo por delante.

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  17 Responses to “Almuerzo en 15 minutos para todos los sentidos”

  1. Palabras de los dioses, Don Lucho usted me enamora con tanto gusto, y el paladar se me vuelve loco tan solo con leerle. Tengo los champiñones y los choclitos (de tarro si), lo voy a acompañar con un buen filete de albacora con borde tostado ñam ñam y unas verduras verdes y algunos granos de choclo calientes. Como aliño aceite de oliva, uva y palta ¡Amo esta combinación!, un poco de soya, más salsa de ajo y jugo de naranja para realzar el sabor. Gracias por favor concedido jijiji… Un abrazo afectuoso para mi maestro desde La Serena, Chile!!!

  2. Wow Don Lucho lo prepare, Que exito !

    • Por lo menos a mí, todas mis recetas me funcionan porque no las copio de un libro, sino que las preparo. Me alegra mucho que le gustara este plato

  3. Amigazo Lucho!
    Que bueno encontrarme con otra receta de las naranjitas chinas, o los quinotos acá en la Argentina! Ocurre que tengo un árbol de estas frutitas, que casi siempre terminan en frascos de mermelada para toda la parentela, porque no se nos ocurre otra manera de cocinarlos…
    Muy buen aporte, que se complementa con otra receta que se había publicado anteriormente. Mire, si fuera vecino mío, con gusto le daría buena parte de la cosecha, y ya que estamos, algunos limones y unas buenas hojas de laurel, ¡todo de mi jardin! ¡Un saludo, y hasta la próxima!

  4. Don lucho , yo tambien me enlisto es esto del buen comer, que maravilla tanta sencillez estoy en las nubes. Muchisimas gracias.

  5. Don Lucho: Chapeau, que le puedo decir ,unos simples regatonis con atún, finas hierbas y generoso y virginal oliva moqueguano, ojo para ser un pais del primer mundo gastronómico no sólo puede ser una alternativa un reggiano de Parma, alguien puede sugerirme un parmesano que se pueda cotejar con el precitado , despues de sentirme satisfecho mi madre, mi compañera y mi hermano me dieron un dominguero reconocimiento, a estas alturas de la madrugada ummmmm, estará pte esta combinación tan simple y por eso tan especial.-Esta semana nos deberia dar unos tips para un sancochado o sancocho o bolito o un puchero por acá salta mi nubil amiga apelando al ancestro argentino .-
    Por trabajo urbano debo reservar un día para invitar a entrañables camaradas de varias decadas a compartir un humenante sancochado y poder soportar esta humedad q nos lleva a los linderos de ser casi anfibios, un abrazo Don Fico

    • Don Fico, entre los casi 300 platos de esta lista no podía faltar el sancochado. Naturalmente hay uno desde hace más de dos años. Se titula Bendito sancochado (o puchero si así quiere llamarlo) y está lleno de tips. No se contente, don Fico, con las novedades, que esto se parece más a un libro que a un periódico. Otrosí: cuando pueda dar con queso parmesano uruguayo de Conaprole, acapare todo lo que pueda. Se da con el italiano a un cuarto del precio.

      • Don Lucho: Le agradesco el detalle, tomemos nota del parmesano de la Republica Oriental del Uruguay ,muchas gracias , un abrazo, Don Fico

  6. Bueno Don Lucho, me enlisto en las filas de lo sano y delicioso. Saludos desde Colombia.

  7. En Grecia, los kumquats son muy famosos en la isla del Kerkira (Corfu).
    Los utilizan para hacer un tipo de liquor o como postre, en un almíbar de agua y azúcar. Riquísimos, de todos modos, con un sabor muy especial.
    Tu propuesta para añadirlos con los champignones en el desayuno es muy original e interesada.
    El único problema es que no sé donde puedo comprarlos en Atenas.

    • Juanita, no te dejes confundir. El almuerzo no es el desayuno. Es la comida principal del día, la del medio día. En México le dicen almuerzo a lo que los gringos llamarían Brunch, una comida consistente y sólida tarde en la mañana, pero no la comida principal. Pero si quiere comer champignones con kumquats en el desayuno, es su derecho. Yo de mi avenita no paso.

  8. El Arte de lo sencillo. En tiempos de carestía del ajo y ají amarillo, usted Don Lucho nos regala una cátedra de sentido común. Uno debe consumir y crear con los frutos del campo que estén en época de abundancia. La escasez obliga a ser creativo. También en la cocina. Muchos saludos.

    • En la cocina se encuentran la economía y el placer. Si las cosas están caras es porque no hay y generalmente las traen de lejos y saben peor.

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