Esto debía ser un saltado anónimo, como los que suelen pasar por mi cocina y mi mesa con cierta regularidad. Pero ocurrió que lo quería hacer en tiempo record y decidí que en lugar de cortar sus elementos tamaño bocado, como suelo hacer, los cortaría en brunoise, o sea en castellano normal picaditos bien finito. La lógica de esta decisión es que picando fino, la cocción sería mucho más rápida y el resultado sería aproximadamente igual. Esto es lo que pasó:El saltado perdió su condición de textura de saltado y tomó la textura de un puré grueso, y adicionalmente los sabores se potenciaron y multiplicaron. Cada uno de ellos conservó su esencia, pero mágicamente conversaron entre sí con más alegría que nunca. El pollo supo a pollo, la piña a piña, el plátano a plátano, el pimiento a pimiento, la cebolla china a cebolla china. Intenso, muy intenso
Y todo mantuvo sus texturas propias. Digo, nada se convirtió en una masa informe. Lo que debía ser jugoso, siguió siendo jugoso, lo que debía ser pastoso fue pastoso y lo que debía ser resbaladizo, resbaladizo fue.
Pero esta vez el todo resultó muy superior a la suma de las partes. Partes tan sencillas que aquí las cuento en pocas líneas.
Piqué muy chiquitito una pechuga de pollo (primero en tiras y luego en cuadraditos), cuatro rebanadas de piña , un plátano bellaco maduro ma non troppo de cáscara entre amarilla y negra (también cortado primero a lo largo en tres y luego en tiras y luego en cuadraditos) unos cuatro centímetros de jengibre o kion y dos dientes de ajo en pedazos chiquititos, y un manojo de cebollinos (cebollitas chinas) en rebanadas muy finas y un pimiento morrón pelado y picado en cubitos pequeños.
Cada cosa la tuve por separado en su propio bol, con excepción del ajo y el kion, que les encanta estar juntos. Al pollo lo sazoné simplemente con sal. A cada uno de los ingredientes lo acompañé con una cucharadita de aceite de canola y todos los revolví bien con la manita para que se impregnaran por los cuatro costados
Calenté mi fiel wok de teflón y procedí a cocinar en el siguiene orden. Ojo, creo que el orden es el secreto de este plato, como de tantos otros. Uno tiene que respetar los tiempos de cocción de cada ingrediente, para no excederse ni quedar en falta.
- Lo primero fue salrtear rápidamente media cucharadita de comino.
- Inmediatamente fueron los ajos y el kion. Bien salteados hasta que el ajo empezó levemente a dorarse.
- En ese momento introduje las cebollas chinas.
- Cuando empezaron a blanquear, incorporé el pimiento
- Un par de vueltas y cayó el plátano. Ahora tocó acelerar el ritmo del salteado, vuelta y vuelta con la espátula. La razón es que el plátano, si uno se descuida, se puede pegar.
- Casi al instante coloqué mi pollo picado.
- En cuanto vi el color alcanzaba un blanco unánime, puse la piña. Un par de vueltas y apagué el fuego
- Con el fuego apagado vertí unas gotas de aceite de ajonjolí y puse apenas la sal necesaria para que todo alcanzara su máximo sabor.
Mientras iba preparando este saltadito se me ocurria que al ponerlo en el plato iba a quedar muy disperso, de modo que saqué mi molde, y no se asuste, no es que haya comprado un molde como para escuela de chefs. Tengo una pequeña colección de latas de pescado abiertas por los dos lados que más de una vez me han sacado de problemas.
Así pués, enmoldé y listo.
Antes del almuerzo había pelado y cortado en rebanadas un lindo mango para que nos sirviera de postre. Por pura lógica culinaria se me ocurrió usarlo como acompañante de este plato. Y eso fue todo. Fácil, extremadamente rápido y enormemente satisfactorio. Si esto es fast food que me den fast food todos los días.




















Don Lucho, que rico y que bien lo describe, le cuento que estaba buscando recetas con estos sabores ya que tambien experimento de este modo, le comento que se me ocurrió saltear repollo morado en finas tiras con un poco de azucar y pasta de tamarindo, unas gotas de vinagre, tres cucharadas de salsa de soya y una pizca de sal, luego le coloque piña y lo deje reducir un poco, no sabe lo delicioso que quedó, no se si esto ya existía pero me dieron unas ganas locas de compartirlo. Saludos
Si la hizo existe; si existe y es buena, es una gran receta. No la podré probar porque cocino sin azúcar y sin soya, pero igual la felicito doña Pamela
Ayyyy, don Lucho, ese aceite de ajonjolí debía hacer que su cocina oliese a gloria bendita. ¡Qué magnífico platillo!. Me gusta mucho introducir frutas en las cocciones habituales; parece que todo triplica su sabor, como Vd. muy bien ha descrito.
Un besote y tenga Vd. un magnífico día
Gracias, doña Laura
qué rico se ve…don Lucho una preguntita, y usted frio todo eso sin aceite? el aceite de ajonjolí al final, y al principio nada?
me parece un plato muy inspirador, ligero y alegre…el nombre le cae de perilla…gracias don Lucho…
El wok lo calenté en seco, sin aceite, pero como dice la receta “cada cosa la tuve por separado en su propio bol, con excepción del ajo y el kion, que les encanta estar juntos. Al pollo lo sazoné simplemente con sal. A cada uno de los ingredientes lo acompañé con una cucharadita de aceite de canola y todos los revolví bien con la manita para que se impregnaran por los cuatro costados“