Don Lucho

El que cocina todas las recetas

 

Primero una aclaración. Esa cosa grasienta que las cadenas de fast food llaman hamburguesa es un ejercicio de difamación, una falsificación, una burla. La hamburguesa, mis amigos, es -o puede ser- un plato noble, robusto y variado, hecho para calmar hasta el hambre mas fiero, el ayuno más fuerte.  Hoy les quiero hablar de la hamburguesa que preparé para el almuerzo y de algunas de las hamburguesas de mi vida. Y en el medio habrá algo de receta.

Segundo, una confesión: a mí las hamburguesas me gustan con pasión. No puedo pasar uno o dos meses sin comerme una. Y usted, querido lector, no se me haga el rengo: a usted también le gustan, y la foto de mi hamburguesa del día lo hizo salivar. No puede evitarlo. Creo que la hamburguesa está en nuestros genes, y que por eso hasta sus perversos remedos tienen el éxito universal que tienen. Ni todo es propaganda, ni la propaganda es tan eficiente.

A falta de restaurantes que pongan alma, vida y corazón, a sus hamburguesas, uno tiene que tomar la carne por las astas y prepararse sus propias hamburguesas. Con un poquito de cuidado y de cariño, serán larguísimamente superiores a las que consigue en la calle.  Déjeme contarle cómo hacerlo. Continue reading »

 

Brownie de Urfa Biber con puré de pera, pero hecho con Chile Ancho

Anexo a Ají, chile, pimiento. Un viaje de ida y vuelta

Cosas extrañas de la vida virtual. Será el título que tenía antes, será que se quedó sin aparecer entre los platos de esta página, será que nadie espera encontrar postres en el blog de un diabético.  La cosa es que esta receta tiene menos lecturas de las que merece. Y se las merece. Los amigos con quienes hemos compartido este sorprendente brownie de chocolate y ají lo recuerdan siempre y piden más. Y eso no pasa siempre.

Hoy lo vuelvo a publicar a pedido de una querida amiga que está en Siberia. Bueno, no Siberia, pero sí un lugar más bien apartado y todavía solitario para ella. Ahi va, doña D.

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De los favoritos de Don Lucho. Este plato inspirado en el tradicional lomo saltado peruano demuestra que comer sano y comer rico no son términos contradictorios. Todo lo contrario. El secreto está en el modo de cocción y la selección y proporción de ingredientes. Pocos, pero que se llevan mágicamente bien: pollo, papas nativas, portobello, espárrago y tomate. De yapa, un poco de yacón enchilado.

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Pastel de quinua y espinaca

No tengo nada contra el pastel de acelga, omnipresente en tantos menús peruanos y latinoamericanos, presente en panaderías y pastelerías, acompañante mío de toda la vida. No tengo nada. Lo seguiré comiendo siempre con las misma ganas. Pero hoy Alicia preparó un pastel de quinua con espinaca tan, pero tan bueno, que me lo quisiera poder encontrar en todas partes. Es un clásico. Le pregunté como lo hizo, y es tan fácil que hasta yo me animaría a hacerlo; solo que en esto de pasteles soy un comprador atávico, no un cocinero. Como me lo contó se lo cuento. Continue reading »

 

Desabrido. Insípido. Soso. Chuma. Esas son las peores palabras de la cocina. Por lo menos de mi cocina y mi mesa. Tengo muy poca paciencia con la comida carente de sabor, epicena, ambigua o neutra, murmulladora, o sea ni fu ni fa. Ni chicha ni limoná. Si un plato amenaza con quedar así, castrado, recurro a mis sales, mis ajíes, mis especies; pero eso son tratamientos de emergencia: mejor es empezar a cocinar sabiendo que el resultado tendrá un sabor que hable claro.

Y un sabor claro no es necesariamente un sabor sencillo. Como con las palabras, los sabores pueden ser a la vez claros y complejos; pueden tener capas como las cebollas y la pintura de un buen cuadro. Lo que no tolero es el sabor sin sabor, las cosas que no declaran lo que son. En eso pensaba hoy día cuando se me ocurrió el plato que preside esta nota y cuya receta escribiré más abajo.

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Como sospecharán los viejos, fieles y resignados lectores de estas páginas, don Lucho sigue cocinando rico y comiendo mejor. Tienen toda la razón. Conservo la manía de no repetir mis platos, de encontrar combinaciones nuevas o aparentemente desconcertantes, pero sabrosas. Sigo comprando con cuidado mis ingredientes; continúo pasando los sábados de mañana por el mercado ecológico, que hoy estuvo sorprendentemente poblado, tal vez porque estos últimos soles del verano amenazaban con ser asesinos.

Sin embargo, no escribo. ¿Qué pasa? Después de casi 300 recetas, creo que me merezco un descanso. La verdad es que me empezó a aburrir la rutina de cocinar, fotografiar, escribir, cocinar, fotografiar, escribir, cocinar, fotog… ya me entiende. El punto es que primero dejé de escribir, luego dejé de fotografiar y seguí cocinando sin veleidades exhibicionistas.

Pero hoy me vino un acceso de arrepentimiento. Estaba en pleno disfrute de mi almuerzo, cuando de pronto me sentí extraordinariamente egoísta. Estaba comiendo algo que nunca había comido antes y me lo estaba guardando para mí solito. Estaba buenísimo: seguro amanecí inspirado. No, no, no, no. No me podía quedar con este plato en mi memoria (y la de Alicia) y que muriera allí. Así que, arrepentido, con el rabo entre las piernas, lo invito a leer esta nota sobre una mágica ensalada de frejoles frescos saborizados por una improbable salsa de palta a la huancaína y acompañada por una cantidad navegable de vegetales en doble cocción: a la parrilla y salteados. Continue reading »

mar 152010
 

leticia.delboy.org ¿Quién es esta misteriosa Leticia del blog? Para empezar es la autora de las fotos que presiden esta página. Para seguir, es inspiradora de una cantidad de platos que hay en las recetas. Siempre cocinó bien, desde sus primeras conchitas a la parmesana a los seis años hasta las pizzas inigualadas de su adolescencia. ¿Cómo lo sabe, don Lucho? Fácil: es mi hija; Continue reading »

 

Dos recetas por un solo precio. Papas, camotes, zucchini y tomate al horno, y Alcachofas con cebolla, ají, tomate, aceitunas secas y espárragos

De veras, cocinar es nada más que escuchar lo que nos dice la comida. Si no, fíjese en estos dos platos que me alegraron dos días seguidos. El primero se lo debo al olfato; el segundo, a la vista. Ninguno a una receta premeditada; ambos fueron básicamente improvisaciones: el primero con lo que tenía a mano; el segundo, con lo que fuí encontrando en el mercado. Y dice así. Continue reading »

 

Qué barbaridad, cumplí el medio millón de lectores sin darme cuenta. ¡Y yo que quería invitar a almorzar al lector 500,000! Tendremos que esperar al millón. Gracias, muchas gracias por sus visitas.

Normalmente cuando escribo recetas, no soy el rey de la precisión. Tantos gramos de esto, tantas hojitas de aquello, exactamente estos ingredientes y de ninguna manera otros o todo se va al diablo. No escribo recetas así, porque no cocino así. Yo lo que hago es dejar que mis ingredientes me hablen, y les hago caso.

Claro, las palabras de los ingredientes no son como las nuestras. Nos hablan de otra forma, a todos nuestros sentidos. Vista, tacto, olfato, gusto y a veces sonido son su lenguaje. Cocinero es quien lo entiende. ¿Suena raro o bobo? Tal vez. Pero siga leyendo y le prometo que pensará que alguna razón tengo.

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Antes de The Food Channel y todos los canales gastronómicos que lo han sucedido en todos los idiomas. Antes que Gastón en el Perú y que tantos otros en todos los países, en esta fiebre gastronómica universal que signó el fin del siglo pasado y el comienzo de éste, estaba  Julia Child. La primera, la original, probablemente la insuperable.

Usted tal vez haya visto la triste y caricatural versión de Julia Child en una reciente película. Si sólo la conoce de allí, se habrá llevado una impresión unilateral, monócroma y limitada. Yo he tenido la suerte de verla una y mil veces en la televisión, y si tuviera que escoger a una sola persona como mi maestra en estas cosas de comida, diría que fue ella. Continue reading »

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